Cuando sea grande, quiero ser presentador en 31 Minutos

Cuando sea grande, quiero ser presentador en 31 Minutos

Algún día, cuando sea grande de verdad, quisiera sentarme frente a una mesa de noticias y decir con absoluta seriedad: buenas noches, esto es 31 Minutos.

 

Hay cosas que uno descubre cuando crece: que los héroes no siempre llevan capa, que el tiempo pasa más rápido de lo que uno imaginaba y que, por alguna razón inexplicable, todavía puede emocionarse como un niño cuando escucha una canción absurda cantada por un títere. Eso pasa con 31 Minutos, ese noticiero imposible que apareció a comienzos de los años 2000 y que terminó convirtiéndose en uno de los fenómenos culturales más inesperados de la televisión latinoamericana. Muchos lo conocimos cuando llegó a nuestras pantallas en Colombia y, aunque oficialmente era un programa infantil, desde el primer momento algo no encajaba con esa etiqueta. Sí, había títeres, sí, había canciones y personajes caricaturescos, pero también había un humor extraño, inteligente y profundamente irónico que parecía hablarle tanto a los niños como a los adultos. En medio de ese caos televisivo aparecía el elegante, egocéntrico y eternamente memorable Tulio Triviño conduciendo un noticiero donde las noticias nunca eran realmente noticias, y donde cada segmento parecía burlarse de la televisión misma.

Para quienes crecimos viendo el programa, la experiencia siempre fue doble. De niños nos reíamos con las ocurrencias de los personajes; de adultos empezamos a entender todos los niveles de humor escondidos en cada episodio. El periodista rojo más desastroso de la televisión, Juan Carlos Bodoque, era mucho más que un personaje gracioso: era una sátira del reportero irresponsable, del periodista que improvisa y de los medios que convierten cualquier cosa en espectáculo. Y ahí estaba también la inocencia eterna de Juanín Juan Harry, que parecía existir en un mundo completamente distinto al de los demás, recordándonos que dentro de todo adulto todavía queda algo de ese niño que observa el mundo con asombro.

 

En Colombia siempre hubo algo particular con 31 Minutos. Muchos lo vimos más como un producto para “niños rockeros” que como un simple programa infantil. Tal vez era la música, tal vez la forma en que cada canción parecía tener una identidad propia, o tal vez esa sensación de que el programa nunca trataba a su audiencia como si fuera ingenua. Las canciones eran absurdas, pegajosas y honestas, pero también tenían algo profundamente rebelde, casi punk en su espíritu creativo. Sin darse cuenta, el programa estaba formando una generación que podía cantar con la misma emoción una canción de títeres que un himno de rock. Con el paso de los años ocurrió algo que pocos programas infantiles logran: 31 Minutos no desapareció con la infancia de su audiencia. Creció con ella. Los niños que lo veían frente al televisor se convirtieron en adultos que todavía recuerdan las canciones, que comparten los episodios y que siguen riéndose con los mismos chistes. Lo que empezó como una serie de televisión terminó transformándose en conciertos, giras internacionales y espectáculos en vivo donde miles de personas corean canciones como si estuvieran frente a una banda de culto.

Por eso no sorprende que el fenómeno siga creciendo. La banda de títeres más querida de Latinoamérica regresa a Colombia con su espectáculo “Radio Guaripolo II”, que llegará al Movistar Arena el próximo 23 de marzo, después de su esperada presentación en el Festival Estéreo Picnic. El show gira alrededor de la emisora creada por Guaripolo, un programa radial lleno de entrevistas, humor y muchas de las canciones que han acompañado a varias generaciones de espectadores. Quizás esa es la verdadera magia de 31 Minutos: nunca dejó de crecer con nosotros. Lo que empezó como un programa que veíamos de niños frente al televisor terminó convirtiéndose en un recuerdo compartido por toda una generación que hoy sigue cantando, riendo y encontrando en esos personajes algo profundamente cercano.

 

Y ahora, en medio de festivales, escenarios y miles de voces cantando las mismas canciones, tenemos la oportunidad de volver a encontrarnos con ellos. De verlos otra vez, de reírnos otra vez, de recordar por qué nos gustaban tanto. En Bogotá, en el escenario del Movistar Arena, podremos volver a verlos y crecer con ellos nuevamente, porque si algo nos enseñó 31 Minutos es que algunas historias nunca dejan de acompañarnos, incluso cuando ya somos adultos.

Boletas en https://tuboleta.com/es/eventos/31-minutos-radio-guaripolo